El 23 de diciembre de 2013, el Papa Francisco nos exhortaba por medio de su millonaria cuenta de twitter: “La Navidad suele ser una fiesta ruidosa: nos vendría bien estar un poco en silencio, para oír la voz del Amor”.

Yo creo que la gran mayoría de los católicos del mundo hacemos caso a su propuesta, o al menos a una parte de su consejo. Y es que, a la Navidad, la preceden las “Posadas”, y a veces hasta las “Pre posadas”. En la escuela, en el trabajo, con los amigos, con los vecinos, con la familia… hasta en los Casinos, Bares y Prostíbulos se ofertan este tipo de reuniones… Se promueve la comida, la bebida, la música, el baile, los regalos… En la Víspera: la tradicional Cena, los intercambios, el arrullo y sus padrinos, a brindar con vinos espumosos, escuchar villancicos o bueno, cualquier tipo de música que nos ayude a mantenernos activos para ponernos al ritmo de la noche…

Después, las “Post posadas”: Disfrutar los recalentados, al cabo que saben más ricos, estrenar o presumir los regalos, gozar las vacaciones y seguir encontrando motivos para alargar la fiesta hasta el fin de año… o hasta el día de Reyes… o hasta los tamales de la Candelaria…

Pero el día de Navidad es diferente… Estamos tan cansados, tan desvelados, que nos levantamos hasta muy tarde… la “cruda realidad” no nos permite ruidos… a las grandes ciudades las envuelve no sólo el humo de las fogatas, sino un misterioso halo de quietud momentánea…

Yo digo que en la Navidad sí hay silencio… lo que realmente nos falta es “escuchar al Amor”.