En una sociedad ampliamente influenciada por el “confort”, el “bienestar” y la “ley del menor esfuerzo”, un hombre preguntó a un venerable anciano, después de quejarse mucho de su mujer y de alabar ampliamente a su “querida”, si debía quedarse con su esposa o con su amante…
El sabio reflexionó un momento y, en silencio, fue hasta donde su jardín y volvió trayendo en sus manos dos macetas: una contenía una rosa, y la otra un cactus…
El anciano preguntó entonces: “Si yo te ofreciera cualquiera de estas dos macetas, ¿Cuál escogerías?”
El hombre, sonriendo, respondió: “Sin dudarlo, me quedaría con la rosa”.
El sabio, asintiendo, contestó: “A veces, los hombres solemos dejarnos llevar sólo por la belleza externa, por lo superficial, y elegimos lo que más brilla y seduce… pero no es en los placeres donde suele encontrarse al amor. Piensa conmigo: La rosa es, en efecto, una flor muy bella, pero después de extaciarnos unos breves momentos se marchita y muere. El cactus, en cambio, sin importar el tiempo o el clima que haga, seguirá igual… verde y con sus espinas.
Tu mujer, amigo, conoce todos tus defectos, tus debilidades, tus errores… ha soportado tus gritos, tus malos ratos, tus infidelidades… y sigue allí… contigo.
Por otro lado, está tu amante, que sabe de tu dinero, tus lujos y despilfarros, tus espacios de felicidad y tus sonrisas eventuales… y es sólo por eso por lo que está contigo.
Ahora… dime: ¿Con quién te vas a quedar?”