¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos?

“Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra” (Mc 4,30-32).

En esta parábola de Jesús nos gusta ver, como un compendio,  el dinamismo de la fe que se manifiesta en los hombres de todas las edades. De modo particular en el adulto que realiza un anuncio de la Palabra humilde y a menudo costoso al comienzo, recibe la gracia de ser parte viva del Reino de Dios, reconoce a su Señor y Salvador, convirtiéndose él mismo en testigo entre sus hermanos en el mundo.

Esta parábola resume, por ello, con agudeza los rasgos fundamentales de la catequesis de adultos: la finalidad última y radical (el acontecimiento definitivo del Reino), junto a la energía totalmente trascendente que la sostiene, la colaboración necesaria a la que es llamado el adulto, los efectos extraordinariamente positivos para su vida y la de los demás.

(Cfr. Consejo Internacional para la Catequesis. La Catequesis de adultos en la comunidad cristiana. No. 1).