¿Alguna vez has tenido la oportunidad de moldear barro?

Es verdad, sé que muchas personas a esto se dedican y lo ven como algo “natural”, pero para quienes nunca hemos tenido la experiencia, resulta interesantísimo.

Primero, hay que darse cuenta de que te vas a ensuciar… para una persona que cuida mucho su atuendo, o que siempre está evitando que su ropa tenga “manchitas o arrugas”, tiene que aceptar que hoy debe hacer una excepción.

Luego, hay que equilibrar perfectamente la cantidad de barro y de agua, de lo contrario, obtendrás una mezcla pegajosa, que se te quedará entre las manos (por exceso de agua), y será imposible de moldear.

Cuando logres obtener la masa adecuada, debes intentar sacar de tu mente la figura que has pensado… y es válido hacer y rehacer y volver a intentarlo cuantas veces sean necesarias.

Si la figura que has conseguido refleja lo que pensaste, finalmente hay que darle una última pulida usando un poco más de agua, de lo contrario, tu obra estará cargada de grumos y rugosa…

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En la Biblia, existe un pasaje hermoso que aborda esta experiencia: El Capítulo 18 del profeta Jeremías.

Dios le pide al profeta que baje a la casa del alfarero. Allí, Jeremías vio cómo se encontraba el artesano delante de su torno moldeando una y otra vez una vasija, hasta que la obra quedó de su agrado.

Entonces, el Señor habló al profeta:

“¿Acaso no puedo hacer con ustedes, pueblo de Israel, igual que hace el alfarero?”

La respuesta es evidente: ¡Por supuesto que puede!

Considerando brevemente el texto, saquemos algunas conclusiones:

  1. Dios se arriesgó a ensuciarse un poco al decidir crear al ser humano. El libro del Génesis relata que el Todopoderoso, como un artesano, moldeó al hombre del barro, y le insufló en sus narices el aliento de vida (Ver Gn 2).
  2. Los dos componentes de esta mezcla (agua y barro), están perfectamente equilibradas: Si la tierra pudiera simbolizar lo áspero, lo seco, lo difícil (problemas, enfermedades, etc.); el agua bien podría simbolizar la vida, lo refrescante, lo bueno (salud, bendiciones, etc.). Dios se va encargando de otorgarnos la justa medida de ambas realidades.
  3. Pero, finalmente, cuando su obra está concluida, el Señor le da una última pulida con su Gracia, y a través de su Palabra y de los Sacramentos, nos va quitando asperezas y nos deja a su gusto.

Dejémonos hacer… las manos de Dios son expertas moldeando el barro…